BOE: entre el humor y el terror

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Artículo publicado en el número 8 de la revista Tribuna Popular:

Llega a Netflix la primera temporada de una serie llena de intriga, inseguridad y confusión. 

A falta de salir a la calle o poder ir a cenar, twitter me está sirviendo de válvula de escape. Hace mucho que las redes sociales forman parte ya de nuestras vidas, aunque en mi caso particular últimamente no las usaba muy a menudo. No tengo facebook, el Instagram lo uso eventualmente desde hace meses y hacía años que había desinstaladotwitter, pero el Coronavirus ha cambiado muchas de nuestras rutinas y como no puedo reírme entrenando a baloncesto o tomando unas cañas con los amigos, volví a abrirme una cuenta en twitter para poder echarme unas risas. Sonreír, aunque fuera. Porque el humor es una herramienta indispensable para afrontar momentos difíciles, como el que nos está tocando vivir. 

Todos y todas tendremos estos días el whatsapp que echa humo, recibiendo sin parar mensajes con montajes, chistes o audios graciosos relacionados con el Covid-19. Y es que, aunque nos enfrentemos a una realidad dura y complicada, el humor es también una forma de hacer frente las cosas que nos preocupan, un medio que puede ayudarnos a canalizar esos sentimientos de impotencia o incertidumbre que nos abruman, un instrumento distintoque también ayuda a reflexionar. 

Y así estaba, ojeando algunas cuentas graciosas por las redes que pudieran alegrarme mínimamente cuándo di con el perfil de una abogada laboralista que comentaba, con fino humor y elegante cachondeo, la marimorena montada con los últimos reales decretos publicados en el BOE por nuestro gobierno. Lo comparaba incluso con una serie de Netflix, aunque no sabía muy bien si englobarlo en el apartado de series de humor o colocarlo más bien entre las series de terror más puro. 

Supongo que estarán al tanto del asunto; el pasado domingo 29 de marzo, publicado casi a las 23:45 de la noche, pocos minutos antes de su entrada en vigor, se comunicó a través del Boletín Oficial del Estado quétrabajadores y empresas eran consideradas como actividades esenciales, estableciéndose también todo lo relacionado con el permiso retribuido recuperable.Eran unas medidas filtradas a la prensa el viernes, anunciadas el sábado en comparecencia televisada, aprobadas el domingo en consejo de ministros, publicadasen la noche de ese mismo domingo y efectivas a partir delmismo lunes. Una locura. El mundo al revés. Y todo eso además en fin de semana, sin tiempo material para que las empresas pudieran preparar el cierre, tomar medidas para el tele-trabajo o disponer mínimamente sus labores para los siguientes quince días de obligado parón en su actividad. 

El Gobierno admitió que el retraso en la publicación del real decreto ley fue para darle la máxima seguridad y precisión, y sin embargo el efecto que consiguió fue más bien el contrario: que millones de trabajadores no supieran si de un día para otro tenían que ir a trabajar ni en qué condiciones. Ni sindicatos, ni empresarios, ni oposición… nadie tenía información oficial sobre qué se debía hacer(excepto la Sexta, obviamente). Muchos ciudadanos no sabían si tenían que presentarse o no en sus puestos de trabajo en la mañana del lunes, generando, en lugar de la certeza y tranquilidad que tendríamos que esperar de quién nos gobierna, incertidumbre, confusión y desconcierto.

Pero no se quedó ahí la cosa, porque dos días más tarde, el 31 de marzo, llegó otro Real Decreto-ley por el que se adoptaban medidas urgentes complementarias en el ámbito social y económico para hacer frente al COVID-19. No lo publicaron ya a las tantas de la noche, pero de todas las normas y leyes que he tenido que leer en mi vida (y son unas cuantas) este Decreto está sin duda entre las más farragosas, más inteligibles y de más difícil comprensión. Se incluía en un único texto legal de más de 80 páginas todo tipo de medidas, que afectan a innumerables ámbitos y además, no se lo pierdan, en algunos apartados el real decreto-ley de 31 de marzo modifica el real decreto-ley de 17 de marzo, con efectos desde 17 de marzo. Tela.

En ese momento, mientras leía, empecé a imaginar la repercusión directa que estos B.O.E, esta mala serie de Netflix, va a tener sobre el tejido económico de nuestro país. Empecé a pensar en las consecuencias que este despipote legal va a generar, en la inseguridad jurídica sin precedentes que esta verborrea de decretos está provocando ya entre empresarios y trabajadores… y la cabeza empezó a darme vueltas cual niña del exorcista. 

El papel de las empresas, los autónomos y los trabajadores será esencial para que salgamos unidos de esta crisis, para alcanzar las cuotas de bienestar social que todos deseamos. La base de una futura recuperación económica y social pasa por dar seguridad y confianza a los agentes económicosmucho me temo, muy a mi pesar, que eso no se consigue improvisando leyes. Tampoco sacando un nuevo real decreto cada tres días.

Como decía Victor Hugo, al que últimamente estoy aprovechando para releer: “Entre un gobierno que lo hace mal y un pueblo que lo consiente, hay una cierta complicidad vergonzosa”.

En fin, voy a dejar de pensar y ojear otro rato twitter. A ver si consigo arrancarme una sonrisa.

Por: Javier Román

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